lunes, 8 de diciembre de 2014

Haití supera a RD enviando ilegales hacia Puerto Rico

Una nueva ola de inmigrantes haitianos ha superado en los últimos dos años a la tradicional inmigración dominicana que por décadas ha surcado el mar en dirección a Puerto Rico, según las últimas estadísticas de la Guardia Costera de Estados Unidos y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP en inglés).
El cambio migratorio, que se comenzó a percibir con el aumento de haitianos capturados por autoridades del gobierno de Estados Unidos en 2012, dos años después del terremoto que devastó el país antillano, se marcó en 2013 con un alza de un 434%.
La cantidad de haitianos procesados por el CBP entre los años fiscales del 2003 al 2011, oscilaba entre 2 y 43. En 2012, procesaron a 111.

Pasaron dos días antes de que la Guardia Costera de los Estados Unidos se diera cuenta de que Frederick Jean se las arreglaba para sobrevivir junto a 25 inmigrantes en isla de Mona, un pedazo de tierra deshabitada, semidesierta, más cerca de la República Dominicana pero perteneciente a Puerto Rico. Eso fue hace casi un año, cuando Jean emprendió su viaje para escapar del desastre de un pueblo que quedó con más de un 80% de su infraestructura en ruinas, luego de ser escenario del epicentro del terremoto que impactó a su país el 1 2de enero de 2010. Léogâne es el nombre de ese pueblo, una comuna litoral del Departamento de Ouest en Haití, a 18 minutos de la capital, Puerto Príncipe.
En esa comuna viven sus cinco hijos y fue por ellos que Jean emprendió su viaje, porque “los zapatos les debo”, dijo en un español atravesado por su idioma, creole, mientras se quitaba una chancleta para dejar claro que sus hijos andan descalzos y no podía enviarlos a la escuela. Está sentado junto a una mesa pequeña donde hay un plato de arroz negro, en un cuarto amplio pero sin ventanas en los laterales ni en el fondo, donde hay un pequeño televisor. Narra su historia con ayuda de un traductor, el padre haitiano Olin Pierre Louis, párroco de la Iglesia San Mateo en Santurce.
Desde que Jean llegó a Puerto Rico, después de pasar dos días en isla de Mona, San Juan es su ciudad y la parroquia San Mateo su refugio, donde están las únicas personas que conoce en este país y que hablan creole. Debe tener entre 35 y 40 años, pero con una sonrisa burlona dice que tiene 25. No sabe leer ni escribir, no habla español ni inglés, pero aun así trabaja en “chiripas”, trabajos manuales que obtiene de forma irregular. Cuando puede, envía dinero para su familia en Haití a través de la compañía de valores Western Union.

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